Una de las rutas más emblemáticas y espectaculares de Gran Canaria es, sin duda, la que recorre la costa oeste por la carretera GC-200. Este trayecto, que conecta Agaete con La Aldea de San Nicolás, es un desafío para el conductor y un regalo para la vista. La carretera serpentea al borde de acantilados que caen vertiginosamente sobre el océano, ofreciendo panorámicas que quitan el aliento a cada curva. Atravesarás el Parque Natural de Tamadaba, una reserva de pino canario que añade un toque de verde intenso al azul del Atlántico. Este recorrido es conocido popularmente como el «camino del vértigo», pero la recompensa visual, con paradas obligatorias en miradores como el del Balcón, justifica cada momento. Es una ruta para disfrutar con calma, saboreando el paisaje y la sensación de estar en uno de los rincones más salvajes de la isla.
Para aquellos que buscan explorar el corazón de Gran Canaria, la ruta de la cumbre es una experiencia casi mística. Partiendo desde el sur, por ejemplo desde Maspalomas, se asciende a través de pueblos encantadores como Fataga, conocido como el «valle de las mil palmeras». A medida que ganas altitud, la vegetación cambia y el aire se vuelve más fresco. El objetivo es llegar al centro geográfico de la isla, donde te esperan los monumentos naturales del Roque Nublo y el Roque Bentayga. Desde los miradores cercanos, como el de la Degollada de Becerra, en días despejados se puede contemplar una vista panorámica que abarca casi toda la isla y, en el horizonte, la majestuosa silueta del Teide en la vecina isla de Tenerife. Esta ruta es ideal para los amantes de la naturaleza y el senderismo.
Si prefieres una experiencia más relajada y cultural, la ruta del norte te sumergirá en la Gran Canaria más auténtica y tradicional. Comenzando en Las Palmas, puedes seguir la costa hacia el oeste para visitar Arucas y su impresionante «catedral» de piedra volcánica. Desde allí, el camino hacia el interior te llevará a Teror, la villa mariana de la isla, donde la Basílica de Nuestra Señora del Pino y las casas con balcones de madera crean una atmósfera colonial única. Este itinerario te permite descubrir la rica gastronomía local, parando en pequeños restaurantes para probar especialidades como el queso de flor o el chorizo de Teror. Es un viaje a través de la historia y las tradiciones de la isla, lejos del bullicio de las zonas turísticas.
Una ruta circular muy completa es la que explora el centro-este de la isla, combinando paisajes de montaña con valles fértiles. Puedes empezar en Telde, la antigua capital, y ascender hacia la caldera volcánica de Bandama, que ofrece unas vistas espectaculares de Las Palmas y sus alrededores. Desde allí, la carretera te lleva a través de viñedos y zonas agrícolas hacia pueblos como Santa Brígida y San Mateo, donde los mercados de fin de semana son una explosión de productos locales. Este circuito es perfecto para quienes desean entender la diversidad agrícola y geológica de Gran Canaria, mostrando cómo la isla ha sido moldeada tanto por la fuerza de los volcanes como por la mano del hombre a lo largo de los siglos.
Finalmente, para una inmersión en la historia aborigen y los paisajes áridos, la ruta del sureste es fascinante. Partiendo de Agüimes, un pueblo medieval muy bien conservado, puedes dirigirte hacia el Barranco de Guayadeque. Este impresionante cañón alberga casas-cueva que todavía hoy están habitadas, así como restaurantes excavados en la roca. La ruta puede continuar hacia Santa Lucía de Tirajana, un oasis de palmeras en un entorno árido, y terminar en las extensas playas de arena del sur. Esta travesía te conecta con el pasado prehispánico de la isla y te muestra los contrastes más extremos de su geografía, demostrando una vez más por qué Gran Canaria es un continente en miniatura que merece ser recorrido kilómetro a kilómetro.