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Cinco playas secretas a las que llegarás cómodamente

Lejos del bullicio de Maspalomas y Playa del Inglés, la costa de Gran Canaria esconde joyas que solo un coche de alquiler te permitirá descubrir con facilidad. Una de ellas es la Playa de Guayedra, cerca de Agaete. Para llegar, deberás tomar un desvío por un camino de tierra que desciende entre un palmeral exótico. Al final del trayecto, te espera una playa de arena negra volcánica y cantos rodados, con vistas impresionantes a los acantilados de Tamadaba y, a menudo, una tranquilidad absoluta. Es el lugar perfecto para desconectar, disfrutar de una puesta de sol espectacular y sentir la fuerza de la naturaleza en su estado más puro, una experiencia que el turismo de masas rara vez ofrece.

Otra maravilla oculta es la Playa de Tiritaña, situada entre Puerto Rico y Puerto de Mogán. A diferencia de sus vecinas más desarrolladas, Tiritaña ha permanecido virgen. El acceso se realiza a través de un corto sendero desde un pequeño aparcamiento en la carretera GC-500. Al descender, te encontrarás con una cala de arena dorada y aguas cristalinas, protegida por altos acantilados que la aíslan del mundo exterior. Su ambiente íntimo y su belleza salvaje la convierten en un pequeño paraíso para quienes buscan paz y un contacto directo con el océano. Recuerda llevar todo lo que necesites, ya que aquí no encontrarás ningún tipo de servicio, solo la naturaleza y tú.

En el norte de la isla, la Playa de Sardina del Norte es un secreto a voces entre los buceadores, pero muchos visitantes de la superficie la pasan por alto. Este pequeño pueblo pesquero alberga una coqueta playa de arena dorada, protegida por un muelle que garantiza aguas tranquilas y seguras, ideales para un baño relajante. Lo mejor de llegar en coche es que puedes combinar tu día de playa con una visita al pueblo, disfrutando de pescado fresco en uno de sus restaurantes con vistas al mar. La autenticidad del lugar es su mayor encanto, ofreciendo una visión de la vida costera tradicional de Gran Canaria, lejos de los grandes complejos turísticos.

La Playa de Montaña Arena, ubicada en el sur pero alejada de los focos principales, es otra joya para los exploradores. Es una de las pocas playas oficialmente naturistas de la isla y su acceso requiere un corto paseo desde la zona de estacionamiento, lo que ayuda a mantenerla relativamente aislada. Se trata de una extensa playa de arena fina y dorada, batida por el viento, que ofrece una increíble sensación de espacio y libertad. Llegar con tu propio vehículo te da la flexibilidad de visitarla al amanecer o al atardecer, cuando la luz pinta las dunas y el paisaje adquiere una atmósfera mágica y casi desértica, ideal para quienes buscan una experiencia de playa diferente.

Finalmente, en la costa este, la Playa de Tufia es un rincón de postal que te transportará a otro tiempo. Se trata de una diminuta cala de arena negra rodeada por un pintoresco caserío de pescadores de casas blancas y azules. El acceso en coche es sencillo, aunque el aparcamiento es limitado, lo que preserva su encanto. Sus aguas suelen estar muy calmadas, convirtiéndola en un lugar perfecto para practicar snorkel y descubrir la rica vida marina de la zona. Visitar Tufia es como encontrar un tesoro, un lugar donde el ritmo de vida se ralentiza y donde la belleza reside en la sencillez de su paisaje y la autenticidad de su gente.

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